Laura caminaba lentamente, oyendo las gotas de lluvia golpeteando su paraguas
color añil, mientras intentaba taparse la cara llena de lágrimas con él.
Sentía que no podía más con la presión, que todos sus pequeños problemas
se juntaban y formaban un gran problema que no tenía solución.
Se sentía tan minúscula, tan insificante que ni encontraba la palabra para
definirlo. Ya no sabía por qué le calaban sus preciosos zapatos de tacón rojos;
si por la lluvia, o por los litros de lágrimas que estaba derramando.
Quería hacer borrón y cuenta nueva, pero es que no podía.



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